Se mató de un disparo en la cabeza. Probablemente no soportó que se confirme su culpabilidad. El exsubcomisario de la Policía Federal, Guillermo Devoto, se pegó un tiro en su casa de la ciudad estadounidense de Miami, donde permanecía prófugo.

En el marco de la megacausa del Primer Cuerpo del Ejército, se lo imputaba por la apropiación de un hijo de desaparecidos, ocurrida en 1979. Según informaron fuentes judiciales, Interpol Internacional notificó al juez que Devoto se quitó la vida de un disparo en la cabeza.

Ante la Policía Federal, el exsuboficial había dado como su último domicilio en el país el mismo que tenía una empresa mediante la cual se habrían reducido bienes robados a desaparecidos y que habría conducido el represor de la Esma Jorge Radice, condenado a perpetua en octubre de 2011.

En 2012 fue citado por el juez federal Daniel Rafecas, quien le prohibió la salida del país. Pese a ello, el 1 de julio pasado, logró partir en un avión rumbo a Miami, luego de que presentara una autorización judicial falsa en el aeropuerto internacional de Ezeiza.
Al momento de huir se esperaban los informes genéticos sobre la filiación de quien aparece como su hijo, Alejandro Carlos Devoto.

La muerte antes que la condena

Lamentablemente son varios represores que se quitan la vida y no llegan a cumplir una condena. Así fue el caso del ex mayor del Ejército Aldo Carlos Cecchi, de 67 años, que se mató de un pistoletazo en la cabeza antes de ser trasladado de Buenos Aires a Córdoba para el juicio del campo de concentración ‘La Perla’.

Pero la lista de ex uniformados acusados de torturas y represión que se quitaron la vida es mas larga. El ex suboficial policial Miguel Angel Junco, 64 años, apodado ˜Ratón˜, se arrojó a las vías del tren. También aparece en ella el prefecto Héctor Febres quien ingirió cianuro dentro de la celda, en 2007, sólo 48 horas antes de que lo condenaran por torturador en la ESMA.

Otro caso fue el del teniente coronel Paulo Navone quien se disparó en la sien un día antes de declarar en el juzgado por el robo de mellizos en 1978 a una desaparecida. También el capitán Alfredo Marcó se disparó un tiro en la sien con un revólver del calibre 38 en su casa de la ciudad de La Rioja. Era sospechoso de haber intervenido en el crimen del obispo riojano Enrique Angelelli, el 4 de agosto de 1976.

El policía retirado Segundo Wenceslao Garro, se marchó de su casa, en 2009, hacia una zona rural y a un lado de la carretera colocó su pistolón de caza en el corazón y apretó el gatillo. El acusado actuó en el Departamento de Informaciones D2 de la policía de San Luis y fue sindicado como torturador.

Por último, el ex prefecto Juan Antonio Azic en 2000 intentó suicidarse pero no lo consiguió. Se disparó en el mentón, pero falló y sobrevivió. Recientemente, fue condenado a cadena perpetua en el juicio "Esma Dos" y es enjuiciado en "ESMA tres".
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