"El stent podría llegar a ser usado para los tratamientos del ACV"
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SOCIEDAD
Entrevista al doctor Julio Palmaz, inventor del dispositivo utilizado para tratar la enfermedad coronaria

El especialista afirma que esto será posible cuando se utilicen supermetales y el stent tenga un espesor menor y sea más resistente. "Los investigadores pueden hacer cosas en su garage, esa es la base de la creatividad", dijo.
Hace 25 años el argentino Julio Palmaz revolucionaba al mundo con la creación del stent extendible, y ayer se presentó en la Universidad Favaloro a disertar en el Seminario "Presente y Futuro del Desarrollo Tecnológico en la Medicina Cardiovascular" del Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
El especialista nacido en La Plata, vive en Estados Unidos hace 30 años, y forma parte del programa RAICES desde 2003, año en que fue relanzado y que tiene como objetivo promover la repatriación y la vinculación con científicos argentinos que residen en el exterior.
El experto en radiología vascular logró salvar la vida de millones de personas, y su técnica es utilizada de forma masiva para tratar la enfermedad coronaria. Su invención consta de una malla metálica expandible y cilíndrica que se coloca en el interior de las arterias, venas u otros órganos huecos, cuando se presentan obstruidas, por ejemplo por el colesterol y otras grasas. El uso más común se da en el tratamiento de obstrucciones en arterias, donde su función es sostener la pared de la arteria desde adentro, y remplazar prácticas invasivas como las cirugías "a cielo abierto".
Los primeros prototipos de lo que más tarde se transformaría en el stent, los realizó en el garage de su casa. En 1987 se realizó la primera cirugía en humanos, y en 1988 logró patentar el dispositivo después de una larga lucha de litigios en los tribunales de Estados Unidos.
–¿Recuerda el momento exacto en que se le ocurrió la idea del stent?
–Como si hubiera sido ayer. Fue en febrero de 1978, durante un seminario. Estaba sentado en un auditorio chiquito escuchando a Andreas Gruentzig que describía los problemas de la angioplastia. Mostró su trabajo en cuatro o cinco pacientes y había tenido dos muertes por oclusión aguda después de la angioplastia. Al presentar cómo se había disrumpido el vaso, imaginé que si las capas de la arteria que se había roto se caían, se podía colocar una estructura para mantenerla abierta. Cuando salí a la calle para buscar un taxi le comenté la idea a mi jefe. Él me miró fijo y me respondió 'es una buena idea, escribí un reporte y mándamelo'. Me llevó dos años hacerlo, pero lo logré.
–¿Durante esos dos años, cuál fue su metodología de estudio?
–Leí mucho, estudié mucho y practiqué mucho. Jugué con diferentes materiales y formas. Utilizaba lápices de colores y les clavaba alfileres, después empecé a usar alambre de bobinar y formaba una especie de canasta tubular que luego se transformó en stent, y usaba balones usados (el balón se coloca en la punta del catéter y los médicos lo inflan en el lugar de la arteria donde se encuentra la obstrucción para comprimir la placa contra la pared arterial. La colocación del stent generalmente va acompañada del balón). Hice modelos grandes con cartón y cartulinas, usaba mis manos como balón, y así hice los primeros cálculos de superficie.
–¿Era consciente de la revolución que significaría para la medicina cardiovascular?
–En esa época se trataba de un proyecto divertido para mí y nada más. Sabía que era algo viable, pero no adquirí una conciencia de forma instantánea. Al principio, cuando alguien venía y me decía que tenía un stent, me daba terror porque pensaba que esa misma persona podría volver con síntomas. El primer paciente fue alemán y se llamaba Bernard Willing. El hombre tenía una oclusión completa de la arteria principal que va a la pierna derecha. Le pusimos un stent y anduvo perfecto, de ahí en más fue todo más fácil y en menos de 11 meses, hicimos el primer procedimiento coronario en Brasil. Con los años, los resultados fueron tan buenos que no hubo más lugar para el temor. Yo mismo tengo un stent en la arteria coronaria izquierda.
–¿El stent puede seguir mejorando su capacidad?
–Ha llegado a un grado de refinamiento alto, no hay mucho más por mejorar. Sí, pueden sumarse áreas en las que puede funcionar, como por ejemplo, el área intracraneana para tratamiento de ACV. Sabemos que un tercio de quienes mueren por ataque coronario se muere de ACV. En esa área se requiere desarrollo de infraestructura, para que ante el primer síntoma, el paciente esté en manos del médico. Hoy es patético, porque los pacientes se pasean por el hospital sin ser atendidos. También se requiere mayor investigación porque los vasos cerebrales son un décimo del espesor de un vaso coronario y son muy reactivos, en el sentido de que uno los toca y se rompen, entonces un stent coronario no entraría. Sin embargo, como existen los supermetales de alta performance mecánica que permiten hacer cosas diminutas, se puede lograr un stent de un tercio del espesor de uno coronario.
–¿Cuál considera que ha sido el mejor desarrollo en materia coronaria de los últimos años?
–Uno de los más importantes ha sido el desarrollo de las estatina, una droga increíble y previene daños vasculares. Las estatinas sirven no sólo para controlar el factor de riesgo del colesterol alto, aquellos pacientes con cirugía cardíaca o angioplastia y/o stents, anteriores se benefician de las estatinas en lo que a supervivencia y protección de otros episodios cardíacos.
–¿Cómo describiría a los científicos e investigadores argentinos?
–Los argentinos son líderes por naturaleza, son muy inteligentes e inquietos, tienen todo lo que se necesita para ser creadores. Muchas veces, están muy preocupados por no tener los suficientes recursos de infraestructura, pero pueden empezar a hacer cosas en su garage, como hice yo. Esa es la base esencial de la creatividad, hacerlo con pocos recursos. En nuestro país tenemos grandes eminencias en el área de medicina coronaria, como Domingo Liotta con su corazón artificial, y el queridísimo René Favaloro y la creación del ByPass.
–¿Cuál es el futuro de la medicina coronaria?
–El futuro inmediato va a traer cosas como la aplicación más efectiva de la telemedicina para controlar factores de riesgo, en cuanto a la prevención, la aplicación adecuada de estatinas; y en el futuro más lejano, quién sabe, creo que podría llegar el día en que se remplazase el juicio médico por la inteligencia artificial. Pero por sobre todo, los jóvenes investigadores deben recordar que la actitud y la perseverancia son fundamentales a la hora de lograr algo revolucionario. «
El especialista nacido en La Plata, vive en Estados Unidos hace 30 años, y forma parte del programa RAICES desde 2003, año en que fue relanzado y que tiene como objetivo promover la repatriación y la vinculación con científicos argentinos que residen en el exterior.
El experto en radiología vascular logró salvar la vida de millones de personas, y su técnica es utilizada de forma masiva para tratar la enfermedad coronaria. Su invención consta de una malla metálica expandible y cilíndrica que se coloca en el interior de las arterias, venas u otros órganos huecos, cuando se presentan obstruidas, por ejemplo por el colesterol y otras grasas. El uso más común se da en el tratamiento de obstrucciones en arterias, donde su función es sostener la pared de la arteria desde adentro, y remplazar prácticas invasivas como las cirugías "a cielo abierto".
Los primeros prototipos de lo que más tarde se transformaría en el stent, los realizó en el garage de su casa. En 1987 se realizó la primera cirugía en humanos, y en 1988 logró patentar el dispositivo después de una larga lucha de litigios en los tribunales de Estados Unidos.
–¿Recuerda el momento exacto en que se le ocurrió la idea del stent?
–Como si hubiera sido ayer. Fue en febrero de 1978, durante un seminario. Estaba sentado en un auditorio chiquito escuchando a Andreas Gruentzig que describía los problemas de la angioplastia. Mostró su trabajo en cuatro o cinco pacientes y había tenido dos muertes por oclusión aguda después de la angioplastia. Al presentar cómo se había disrumpido el vaso, imaginé que si las capas de la arteria que se había roto se caían, se podía colocar una estructura para mantenerla abierta. Cuando salí a la calle para buscar un taxi le comenté la idea a mi jefe. Él me miró fijo y me respondió 'es una buena idea, escribí un reporte y mándamelo'. Me llevó dos años hacerlo, pero lo logré.
–¿Durante esos dos años, cuál fue su metodología de estudio?
–Leí mucho, estudié mucho y practiqué mucho. Jugué con diferentes materiales y formas. Utilizaba lápices de colores y les clavaba alfileres, después empecé a usar alambre de bobinar y formaba una especie de canasta tubular que luego se transformó en stent, y usaba balones usados (el balón se coloca en la punta del catéter y los médicos lo inflan en el lugar de la arteria donde se encuentra la obstrucción para comprimir la placa contra la pared arterial. La colocación del stent generalmente va acompañada del balón). Hice modelos grandes con cartón y cartulinas, usaba mis manos como balón, y así hice los primeros cálculos de superficie.
–¿Era consciente de la revolución que significaría para la medicina cardiovascular?
–En esa época se trataba de un proyecto divertido para mí y nada más. Sabía que era algo viable, pero no adquirí una conciencia de forma instantánea. Al principio, cuando alguien venía y me decía que tenía un stent, me daba terror porque pensaba que esa misma persona podría volver con síntomas. El primer paciente fue alemán y se llamaba Bernard Willing. El hombre tenía una oclusión completa de la arteria principal que va a la pierna derecha. Le pusimos un stent y anduvo perfecto, de ahí en más fue todo más fácil y en menos de 11 meses, hicimos el primer procedimiento coronario en Brasil. Con los años, los resultados fueron tan buenos que no hubo más lugar para el temor. Yo mismo tengo un stent en la arteria coronaria izquierda.
–¿El stent puede seguir mejorando su capacidad?
–Ha llegado a un grado de refinamiento alto, no hay mucho más por mejorar. Sí, pueden sumarse áreas en las que puede funcionar, como por ejemplo, el área intracraneana para tratamiento de ACV. Sabemos que un tercio de quienes mueren por ataque coronario se muere de ACV. En esa área se requiere desarrollo de infraestructura, para que ante el primer síntoma, el paciente esté en manos del médico. Hoy es patético, porque los pacientes se pasean por el hospital sin ser atendidos. También se requiere mayor investigación porque los vasos cerebrales son un décimo del espesor de un vaso coronario y son muy reactivos, en el sentido de que uno los toca y se rompen, entonces un stent coronario no entraría. Sin embargo, como existen los supermetales de alta performance mecánica que permiten hacer cosas diminutas, se puede lograr un stent de un tercio del espesor de uno coronario.
–¿Cuál considera que ha sido el mejor desarrollo en materia coronaria de los últimos años?
–Uno de los más importantes ha sido el desarrollo de las estatina, una droga increíble y previene daños vasculares. Las estatinas sirven no sólo para controlar el factor de riesgo del colesterol alto, aquellos pacientes con cirugía cardíaca o angioplastia y/o stents, anteriores se benefician de las estatinas en lo que a supervivencia y protección de otros episodios cardíacos.
–¿Cómo describiría a los científicos e investigadores argentinos?
–Los argentinos son líderes por naturaleza, son muy inteligentes e inquietos, tienen todo lo que se necesita para ser creadores. Muchas veces, están muy preocupados por no tener los suficientes recursos de infraestructura, pero pueden empezar a hacer cosas en su garage, como hice yo. Esa es la base esencial de la creatividad, hacerlo con pocos recursos. En nuestro país tenemos grandes eminencias en el área de medicina coronaria, como Domingo Liotta con su corazón artificial, y el queridísimo René Favaloro y la creación del ByPass.
–¿Cuál es el futuro de la medicina coronaria?
–El futuro inmediato va a traer cosas como la aplicación más efectiva de la telemedicina para controlar factores de riesgo, en cuanto a la prevención, la aplicación adecuada de estatinas; y en el futuro más lejano, quién sabe, creo que podría llegar el día en que se remplazase el juicio médico por la inteligencia artificial. Pero por sobre todo, los jóvenes investigadores deben recordar que la actitud y la perseverancia son fundamentales a la hora de lograr algo revolucionario. «
una vida dedicada a la ciencia médica
Julio Palmaz nació en La Plata hace 68 años, estudió el primario en la Escuela Anexa Joaquín V. González, y el secundario en el Colegio Nacional Rafael Hernández.
En 1971 se graduó en Medicina en la Universidad Nacional de La Plata. Realizó sus prácticas en la especialidad de radiología en el Hospital Interzonal General de Agudos San Martín de La Plata, y fue en 1977 cuando emigró a Estados Unidos, donde continuó especializándose en la Universidad de California.
En la actualidad se desempeña como doctor en radiología vascular en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio, Estados Unidos.
Cuenta con 40 patentes internacionales por la creación del stent, y es autor de 29 libros o capítulos de libros y más de 100 trabajos científicos. También es fundador de PalmazScientífic, una empresa dedicada a desarrollar conceptos de dispositivos vasculares avanzados.
Palmaz recibió numerosos reconocimientos, entre ellos, en 2003, el título Honoris Causa de Maestro de la Cardiología Intervencionista de la Argentina y en 2013, la Mención Especial por Trayectoria de los Premios Konex a la Ciencia y Tecnología. Fuente Tiempo
En 1971 se graduó en Medicina en la Universidad Nacional de La Plata. Realizó sus prácticas en la especialidad de radiología en el Hospital Interzonal General de Agudos San Martín de La Plata, y fue en 1977 cuando emigró a Estados Unidos, donde continuó especializándose en la Universidad de California.
En la actualidad se desempeña como doctor en radiología vascular en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio, Estados Unidos.
Cuenta con 40 patentes internacionales por la creación del stent, y es autor de 29 libros o capítulos de libros y más de 100 trabajos científicos. También es fundador de PalmazScientífic, una empresa dedicada a desarrollar conceptos de dispositivos vasculares avanzados.
Palmaz recibió numerosos reconocimientos, entre ellos, en 2003, el título Honoris Causa de Maestro de la Cardiología Intervencionista de la Argentina y en 2013, la Mención Especial por Trayectoria de los Premios Konex a la Ciencia y Tecnología. Fuente Tiempo
"El stent podría llegar a ser usado para los tratamientos del ACV"
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