A partir de diseños digitales, las máquinas generan objetos tridimensionales en materiales como plástico y metal. Se están utilizando para armar prototipos y órganos humanos sencillos. Pero hablan de imprimir hasta casas.

La tecnología que permite materializar objetos.
La tecnología que permite materializar objetos.
Para decirlo fácil, la impresión 3D es una tecnología que permite "materializar" objetos. Se trata de diseños pensados en el mundo digital que se convierten en átomos ante nuestros ojos. Por ahora, lo más usual es imprimir en 3D objetos en materiales plásticos, aunque ya hay impresoras que los "fabrican" en metal o en materiales tolerables para el organismo humano. Sus apologistas dicen que en un plazo no muy lejano puede solucionar el dilema de los trasplantes de órganos, que cada uno se va a poder imprimir su ropa a medida y –en el límite de la imaginación– que se van a imprimir edificios enteros sin otro costo que el del material. 
 
Pero ¿cómo funciona? La respuesta a esa pregunta está en la base de la importancia de esta nueva tecnología. Una impresora 3D genera un objeto sólido tridimensional mediante la adición de material. La mayoría de las producciones que conocemos funciona con el método sustractivo, es decir, a partir de la eliminación de exceso de material o bien inyectando material en moldes. Al igual que las máquinas que imprimen fotos sobre papel, las impresoras 3D van sumando capas microscópicas de material a partir de la información que le brinda el modelo digitalizado. Para hacerlo, hay varias tecnologías en danza: las más conocidas se ejecutan con un cabezal como el de las impresoras tradicionales, aunque en lugar de moverse de manera horizontal sobre la hoja, lo hacen de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha en un cubo que funciona como "área de impresión de los objetos". Por ejemplo, para "imprimir" un  vaso, lo primero que se genera son varias capas de círculos que dan forma a la base. A partir de ahí, se imprimen círculos que serán las paredes del vaso. Esta forma simple se puede  complejizar sin límites, llegando a la posibilidad de imprimir en una sola vez una máquina con todos sus componentes. De hecho, en estos días hubo que limitar la circulación en la web de un diseño de pistola que funcionaba: cualquiera que tuviera una impresora 3D podía fabricarla.  
 
DESARROLLO NACIONAL. El caso de la empresa Trimaker es un buen ejemplo de las posibilidades que puede abrir la investigación tecnológica en el país. Se trata de una empresa argentina fundada a principios de 2013 por un grupo de emprendedores que habían ganado el Premio Innovar (organizado por los Ministerios de Ciencia y Tecnología y de Industria) en 2012. "A partir de que ganamos el premio, todo se dinamizó –asegura Facundo Imas Ananía, uno de los socios fundadores–. Hubo gente que nos conoció a partir de la difusión que tuvimos ahí y se convirtieron en clientes de la empresa". La impresora T.Black diseñada por Trimaker utiliza un sistema que fotopolimeriza (es decir, solidifica) una resina especial –también desarrollada por la empresa– que es sensible a la luz. De esta manera, los rayos ópticos van dando la forma al objeto siguiendo las especificaciones de la imagen digital.La T.Black construye el objeto de impresión dibujándolo capa por capa con una proyección óptica –cada capa del objeto es efectivamente una foto de cada corte transversal. La resina restante puede ser usada como insumo para la siguiente impresión. "En el tiempo que llevamos mostrándola, comprobamos que este tipo de tecnología es muy competitiva a nivel mundial", se entusiasma Imas Ananía. La empresa ya está participando, además, de una "mesa chica" sobre el desarrollo de la impresión 3D en el Ministerio de Ciencia y Tecnología. "Estamos avanzando muy rápidamente, sabíamos que había gente del CONICET que estaba trabajando con materiales tolerables para el cuerpo humano y el Ministerio nos puso en contacto, algo que no interesa mucho porque creemos que el aporte de esta tecnología a la medicina será muy importante", redondea Imaz.
 
LA REVOLUCIÓN SERÁ IMPRESA. Si una tercera parte de las promesas de la impresión 3D se cumplen, estamos ante una nueva conmoción para la cultura, el comercio y las comunicaciones globales. Las empresas que se dedican a la fabricación de cualquier tipo de objeto pueden desaparecer con la velocidad con que desaparecieron los locales de Blockbuster: si su producto puede ser realizado en una de estas impresoras, la cuenta regresiva ya está en marcha.  Y eso, por supuesto, significará una enorme caída en la demanda de trabajo no calificado. "Vamos a tener la posibilidad de dedicarnos a hacer cosas más divertidas e interesantes que pasarnos horas al lado de una máquina fabricando piezas", asegura Andrei Vashnov, un físico nacido en Siberia que se desempeña como asesor estratégico en Trimaker y gran "evangelizador" de esta tecnología. 
 
La experiencia acumulada en este sentido obliga a reflexionar profundamente sobre la necesidad de socializar los beneficios de la tecnología: si los que sacan provecho de esta revolución en ciernes vuelven a ser los dueños de las empresas, el costo sobre el sector trabajador puede ser muy alto. "Lo que se viene es una revolución tan importante como lo fue la imprenta, una oportunidad sin límites para los diseñadores", asegura Vashnov. En su libro Impresión 3D como va a cambiar el mundo (que se puede descargar de la Web)  Vashnov sostiene: "Hay muchas más superficies de geometría compleja que de geometría sencilla. Esta variedad de complejidad la vemos siempre en las producciones de la naturaleza donde cada animal y cada planta tiene (…) una forma precisamente adaptada para su entorno y modalidad de vivir. Sin embargo, en los objetos de diseño, de arquitectura, de tecnología que nos rodean normalmente vemos líneas rectas, superficies redondas y otras formas de geometría regular. Esto es el legado de la época en que la complejidad costaba mucho. Y cuando la complejidad ya no cueste nada, la experiencia actual de estar rodeado de formas que parecen venir de un libro de geometría va a verse como algo del Antiguo Egipto.  Nuestras nuevas pirámides ya nunca tendrán aristas perfectamente rectas."
 
La impresión 3D impactará también de lleno en rubros como Comercialización, Logística y Transporte. Aunque, en rigor, lo que viaja por la red no es el objeto sino la información sobre sus medidas, su color y sus características, es improbable que subsista durante mucho tiempo esa práctica que tienen hoy varias multinacionales que consiste en montar enormes plantas de ensamblado en los países con legislación laboral débil desde las que abastecen a todo el mundo.  ¿Qué sentido tendrán los enormes galpones de depósito de mercadería el día que cada objeto se fabrique just in time, es decir, en el momento en que el consumidor lo solicite? El futuro pasó, hace rato.
 
"Mozo, por favor, tráigame la válvula que me está faltando"
 
En una esquina recóndita de Palermo Soho, en la calle Costa Rica 5198, abrió las puertas el primer bar de impresiones 3d del país, llamado "3d lab café" –ubicado en un local donde antes funcionaba una antigua parrilla–. El bar imita, de algún modo, el concepto de otro bar de Tokyo que dispone de un servicio de rayo láser para que los clientes puedan cortar figuras a medida. El emprendimiento es regenteado por dos socios y amigos, Daniel Angeloni y Rodrigo Pérez Weiss, quienes empezaron en el negocio importando equipos de informática y lo armaron a pulmón.  Al respecto, Angeloni explica a este diario la génesis del proyecto: "Un día vino mi socio y como novedad propuso el negocio de la impresión 3D. A fines de 2012 empezamos a evaluar la posibilidad de vender repuestos de estas impresores y finalmente agregamos los servicios de impresión con tecnología en tres dimensiones. Apostamos a evangelizar una tecnología que parecía estar resguardada para un público empresarial."
 
El negocio lleva menos de cuatro meses en pie y crece a ritmo vertiginoso, cuentan. En noviembre tuvieron más de 250 cotizaciones de proyectos que les acercaron desarrolladores argentinos: desde un motor de auto, hasta una válvula a prueba, arquitectos a los que les faltaban piezas para terminar una maqueta y las imprimen en el bar. La gente, atraída por la curiosidad, se toma un licuado y de paso aprende nuevas tecnologías, o incluso, se decide a tomar alguno de los cursos vigentes, con cena incluida. Los servicios de impresión cuestan $ 100 la hora, esto incluye, por supuesto, imprimir en 3D en una impresora de filamento ABS o pla, más conocida por imprimir piezas en plástico. También la membresía mensual ($ 400) es una buena opción para aquellos que no cuentan con oficina. En un mismo lugar cuentan con un scanner de personas que permite hacer bustos o reproducciones de cuerpo entero ($ 350). Una vez escaneada la persona, el bar da la opción de que una diseñadora gráfica le de mayor nitidez y definición a la imagen y luego imprimir todo en 3D a color y llevárselo a casa como souvenir.
 
La tráquea que nació de una impresora
 
De entre todas las promesas de la impresión 3D, la más celebrada es probablemente la posibilidad de terminar con los trasplantes de órganos o, más correctamente, con el sistema de listas de aspirantes a donaciones. 
 
Un año atrás, los médicos que atendían al bebé estadounidense Kaiba Gionfriddo –que tenía un defecto de nacimiento por el cual colapsó su tubo bronquial izquierdo– decidieron  implantarle una tráquea elaborada en una impresora 3D. Esa fue la primera vez que se usó esta tecnología en la elaboración de órganos y el tratamiento fue tan innovador que debieron pedirle un permiso especial a la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). 
 
Luego de esta intervención, hubo varios casos de implantes de vejigas, cuya realización es relativamente sencilla porque sólo necesita estar hecha de un material elástico y tolerable por el cuerpo humano. Las prótesis dentales ya son un hecho conocido e inmejorable, porque se escanea la boca del paciente y se imprime una pieza dental exactamente igual a la que necesita la boca. 
La complejidad del tejido de los distintos órganos es hoy por hoy la única limitante para avanzar con esta tendencia, y los especialistas especulan que pasarán unas tres décadas antes de que se pueda imprimir cualquier órgano.
 
Para universitarios
 
La Universidad Católica (UCA) acaba de adquirir una impresora de filamentos de plástico con tecnología 3d para sus alumnos de ingeniería. La impresora permite fabricar piezas pequeñas en plástico, "libradas a la imaginación de quien las diseña, que requieren de un software específico que los alumnos aprenden a manejar en primer año y permite que lo que uno imagina sea algo concreto, una pieza sólida, con volumen", indica a este diario Daniel Vicien, coordinador general de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica (UCA). También destaca que si bien esta impresora es una de las más básicas, también las hay de madera, que fabrican piezas de fibrofácil, otras que llevan rollos de cuero y pueden imprimir hasta un cinturón. "Hay que acostumbrarse que es un lenguaje diferente. La idea es que a partir de la adquisición del prototipo, la UCA organice talleres de diseño y de construcción de piezas", indica. Vicien pronosticó que en menos de dos años "la industria automotriz va a empezar a aprovecharlo, también la odontología y ortodoncia para fabricar prótesis dentales, el avance va a grande".
 
Los valores
 
Las Impresoras de bajo costo rondan los 35 mil pesos. Las que imprimen con metal, 250 mil dólares.
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