DESDE CARACAS, VENEZUELA Crónica caraqueña
Unknown
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11:03
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Internacionales
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OPINIÓN
Una crónica desde el corazón de Caracas para conocer una versión más auténtica y real del país.

1
Una casa colonial, dos casas, una moto que pasa esquivando el colectivo que sube al barrio de Manicomio, Catia (Caracas), y luego se mete en el medio de dos hileras de señoras, señores y jóvenes que en cada vereda están tomando cerveza, escuchando salsa, y sobre todo conversando, riendo, "echando broma", como le dicen en Venezuela, al mejor estilo “acá no está pasando nada que nos afecte, y lo que hay es rumba y pareja.”
2
En la plaza principal del centro colonial de Caracas, Bolívar está arriba de su caballo, y apunta con su espada hacia el infinito, mientras el brillo de las veredas reflejan los bancos de las parejas que conversan cerca, cada vez más cerca; las mujeres vestidas de azul oficina que lanzan carcajadas y los abuelos que alternan la mirada en los diarios, los otros viejos que hacen parábolas retoricas con lo que está pasando y el negro evangelista vestido de un púrpura chillón que pregona a Dios todo salvador delante de un mural donde Martí, El Che, Fidel y Chávez son agarrados infraganti jugando al dominó y tocando maracas, como si estuvieran en el retiro de los ruidos pero ahí cerca, cerquita, como la pareja, viendo todo.
3
Un auto va, va y va, pasa una moto, otro auto, y de repente, humo, mucho humo, y el tránsito que se detiene. La conductora mira arriba, aguanta el aire, y lo suelta en un suspiro. La calle está trancada, cortada, no se puede pasar. Así que mira al nene que está atrás, y se prepara para putear a una señora bien que se acerca a la ventanilla. “Vale, doña, ahí movemos el tronquito para que pase”, dice la que interrumpe el tránsito. Esta vez tuvo suerte, no tuvo que insultarla para por lo menos descargar cinco minutos lo de ser chavista en una zona “escuálida” (el este de Caracas) en el que la vida cotidiana está totalmente afectada por los constantes cortes de calles realizados por quienes protestan contra el gobierno.
4
En la plaza Altamira, un obelisco, una fuente, un hotel estilo Hilton, y un paisaje sin las casas típicas de los barrios populares custodian al universitario rubio, blanco, moreno, con ropa de marca, que escribe por Twitter contra el régimen en la pantalla táctil de su celular y sostiene su cartel de “Abajo la dictadura”, “En Venezuela no hay libertad de expresión”, o “Libertad a Nelson Mandela López”. Más allá, en otros edificios, los guardias de verde, tapados de pies a cabeza con sus armaduras de tortuga ninja, esperando el momento para dispersar a los manifestantes si es que se les da por apedrear bancos, tirotear oficinas públicas o atacar buses de la línea del subte del Estado, entre otros arrumacos a la tranquilidad. Así transcurren las horas en una Caracas donde hay una porción pequeña de la ciudad, muy amplificada por los medios, donde ocurren las manifestaciones. Hay varias ciudades donde estas movidas se replican con distinta intensidad. La presentación del conflicto es, en general, tendenciosa y malintencionada. Hay protestas, hay desbordes, hay conflicto con las fuerzas de seguridad en la dinámica de cualquier protesta más o menos intensa en casi cualquier lugar del planeta. De ahí a inventar milicias armadas
chavistas que andan en motocicleta disparando a ciudadanos inocentes hay un abismo inconmensurable que sólo lo explica la manifiesta voluntad de manipular y confundir a la opinión pública local e internacional que, en muchos casos, ha tomado esta información como una verdad manifiesta. El bombardeo mediático internacional, que ha llevado al punto de hacer que Madonna y Cher se pronuncien en contra de Maduro, da por hecho cosas que aún no están claras. Ejemplo de esto es el asesinato de Miss Turismo. Las pericias parecen despejar dudas y mostrar que la bala que terminó con la vida de la modelo no partió, precisamente, de unos hipotéticos motociclistas chavistas sino desde el lugar que ocupaba la manifestación de la que la propia víctima estaba participando. Esta afirmación fue hecha por el propio ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, pero también por un estudiante entrevistado por la CNN.
5.
La estrategia de manifestaciones en el corto plazo busca estirar la tensión y mantener un estado de desorden y caos. En este sentido es que los hechos de violencia y la guerra mediática siguen firmes, con constancia. Ante este panorama, la oposición se abroquela en la línea golpista en medio de una interna feroz por ver quién es el líder y quién se quema menos si las cosas no salen tan bien. En este escenario, López y Corina Machado son los más claros: acá no hay una sola vía (la democrática) para alcanzar el poder, si no “todas las formas de lucha”. Es por eso que López intenta victimizarse pero no puede ocultar a través de su esposa que el gobierno “lo está protegiendo” de alguien que lo quiere matar porque las internas no son duras a secas, como lo muestra el audio entre un general y asesor de la Mesa de Unidad Democrática, publicado por el canal del Estado, en el que se dice claramente que hay un sector opositor que lo quiere asesinar. La intención de los timoneles de este esquema: Estados Unidos y, sobre todo, los bancos (dueños de los medios con más influencia en Venezuela), es que el gobierno y los chavistas estén atentos solo a esta disputa de suma cero, y no a los problemas que agudizan el conflicto: el dólar paralelo, la inflación y la escasez que intentan quebrar la base social de los rojos. La integralidad de la ofensiva es tal que la disputa por la renta petrolera, el fin último, está tapada, rezagada. La dinámica opositora, así, muestra sus dos caras: los actores económicos, que ofrecen “sus soluciones” a los problemas, por un lado; y los políticos que conspiran para partir a unas fuerzas armadas con mandos balcanizados pero con soldados de un chavismo inquebrantable. Así están las cosas, con la oposición soñando con un nuevo abril de 2002 pero con final feliz para ellos, y el movimiento popular defendiendo a su gobierno, parado en la unidad regional y esgrimiendo, una vez más, la bandera democrática como forma de tramitar los conflictos.
Una casa colonial, dos casas, una moto que pasa esquivando el colectivo que sube al barrio de Manicomio, Catia (Caracas), y luego se mete en el medio de dos hileras de señoras, señores y jóvenes que en cada vereda están tomando cerveza, escuchando salsa, y sobre todo conversando, riendo, "echando broma", como le dicen en Venezuela, al mejor estilo “acá no está pasando nada que nos afecte, y lo que hay es rumba y pareja.”
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En la plaza principal del centro colonial de Caracas, Bolívar está arriba de su caballo, y apunta con su espada hacia el infinito, mientras el brillo de las veredas reflejan los bancos de las parejas que conversan cerca, cada vez más cerca; las mujeres vestidas de azul oficina que lanzan carcajadas y los abuelos que alternan la mirada en los diarios, los otros viejos que hacen parábolas retoricas con lo que está pasando y el negro evangelista vestido de un púrpura chillón que pregona a Dios todo salvador delante de un mural donde Martí, El Che, Fidel y Chávez son agarrados infraganti jugando al dominó y tocando maracas, como si estuvieran en el retiro de los ruidos pero ahí cerca, cerquita, como la pareja, viendo todo.
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Un auto va, va y va, pasa una moto, otro auto, y de repente, humo, mucho humo, y el tránsito que se detiene. La conductora mira arriba, aguanta el aire, y lo suelta en un suspiro. La calle está trancada, cortada, no se puede pasar. Así que mira al nene que está atrás, y se prepara para putear a una señora bien que se acerca a la ventanilla. “Vale, doña, ahí movemos el tronquito para que pase”, dice la que interrumpe el tránsito. Esta vez tuvo suerte, no tuvo que insultarla para por lo menos descargar cinco minutos lo de ser chavista en una zona “escuálida” (el este de Caracas) en el que la vida cotidiana está totalmente afectada por los constantes cortes de calles realizados por quienes protestan contra el gobierno.
“La integralidad de la ofensiva es tal que la disputa por la renta petrolera, el fin último, está tapada, rezagada. La dinámica opositora, así, muestra sus dos caras: los actores económicos, que ofrecen 'sus soluciones' a los problemas, por un lado; y los políticos que conspiran para partir a unas fuerzas armadas con mandos balcanizados pero con soldados de un chavismo inquebrantable."
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En la plaza Altamira, un obelisco, una fuente, un hotel estilo Hilton, y un paisaje sin las casas típicas de los barrios populares custodian al universitario rubio, blanco, moreno, con ropa de marca, que escribe por Twitter contra el régimen en la pantalla táctil de su celular y sostiene su cartel de “Abajo la dictadura”, “En Venezuela no hay libertad de expresión”, o “Libertad a Nelson Mandela López”. Más allá, en otros edificios, los guardias de verde, tapados de pies a cabeza con sus armaduras de tortuga ninja, esperando el momento para dispersar a los manifestantes si es que se les da por apedrear bancos, tirotear oficinas públicas o atacar buses de la línea del subte del Estado, entre otros arrumacos a la tranquilidad. Así transcurren las horas en una Caracas donde hay una porción pequeña de la ciudad, muy amplificada por los medios, donde ocurren las manifestaciones. Hay varias ciudades donde estas movidas se replican con distinta intensidad. La presentación del conflicto es, en general, tendenciosa y malintencionada. Hay protestas, hay desbordes, hay conflicto con las fuerzas de seguridad en la dinámica de cualquier protesta más o menos intensa en casi cualquier lugar del planeta. De ahí a inventar milicias armadas
chavistas que andan en motocicleta disparando a ciudadanos inocentes hay un abismo inconmensurable que sólo lo explica la manifiesta voluntad de manipular y confundir a la opinión pública local e internacional que, en muchos casos, ha tomado esta información como una verdad manifiesta. El bombardeo mediático internacional, que ha llevado al punto de hacer que Madonna y Cher se pronuncien en contra de Maduro, da por hecho cosas que aún no están claras. Ejemplo de esto es el asesinato de Miss Turismo. Las pericias parecen despejar dudas y mostrar que la bala que terminó con la vida de la modelo no partió, precisamente, de unos hipotéticos motociclistas chavistas sino desde el lugar que ocupaba la manifestación de la que la propia víctima estaba participando. Esta afirmación fue hecha por el propio ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, pero también por un estudiante entrevistado por la CNN.
5.
La estrategia de manifestaciones en el corto plazo busca estirar la tensión y mantener un estado de desorden y caos. En este sentido es que los hechos de violencia y la guerra mediática siguen firmes, con constancia. Ante este panorama, la oposición se abroquela en la línea golpista en medio de una interna feroz por ver quién es el líder y quién se quema menos si las cosas no salen tan bien. En este escenario, López y Corina Machado son los más claros: acá no hay una sola vía (la democrática) para alcanzar el poder, si no “todas las formas de lucha”. Es por eso que López intenta victimizarse pero no puede ocultar a través de su esposa que el gobierno “lo está protegiendo” de alguien que lo quiere matar porque las internas no son duras a secas, como lo muestra el audio entre un general y asesor de la Mesa de Unidad Democrática, publicado por el canal del Estado, en el que se dice claramente que hay un sector opositor que lo quiere asesinar. La intención de los timoneles de este esquema: Estados Unidos y, sobre todo, los bancos (dueños de los medios con más influencia en Venezuela), es que el gobierno y los chavistas estén atentos solo a esta disputa de suma cero, y no a los problemas que agudizan el conflicto: el dólar paralelo, la inflación y la escasez que intentan quebrar la base social de los rojos. La integralidad de la ofensiva es tal que la disputa por la renta petrolera, el fin último, está tapada, rezagada. La dinámica opositora, así, muestra sus dos caras: los actores económicos, que ofrecen “sus soluciones” a los problemas, por un lado; y los políticos que conspiran para partir a unas fuerzas armadas con mandos balcanizados pero con soldados de un chavismo inquebrantable. Así están las cosas, con la oposición soñando con un nuevo abril de 2002 pero con final feliz para ellos, y el movimiento popular defendiendo a su gobierno, parado en la unidad regional y esgrimiendo, una vez más, la bandera democrática como forma de tramitar los conflictos.
DESDE CARACAS, VENEZUELA Crónica caraqueña
2014-02-22T11:03:00-03:00
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