Lo hizo durante su alegato en un juicio por un doble crimen ocurrido en enero de 2010

Según Javier Pascua, "hoy son bandas semi organizadas, mañana van a ser organizadas y no se podrán detener". Además, el fiscal de Cámara denunció el vínculo de policías, jueces y abogados que cobran "dinero de la droga".
Se excedió porque la gravedad del asunto obligaba a trascender el rol de acusador. El fiscal Javier Pascua aprovechó su alegato para advertir que lo que se estaba juzgando en la sala de la Sexta Cámara del Crimen de Mendoza no era, apenas, un doble homicidio.
"Esta es una causa compleja –afirmó– que permite visualizar una problemática actual: la de las bandas, el narcotráfico y los asesinatos, algo que se va a profundizar si la provincia no se despierta."
Después pidió la prisión perpetua para los tres imputados.
La premonición de Pascua se dio en el marco del juicio por lo que se conoce como el doble crimen de El Carrizal, cometido en enero del 2010 contra dos albañiles.
"Hoy son bandas semi-organizadas, mañana van a ser organizadas y no se podrán detener", avisó el fiscal, y enseguida denunció que "el expediente muestra una organización básica que funciona gracias al vínculo con policías, jueces y abogados que aconsejan y son pagados con dinero de la droga".
En ese sentido, Pascua explicó que estos grupos mafiosos "distribuyen funciones dentro de la organización y se proveen de armamento sofisticado, como los proyectiles con puntas de teflón que perforan los chalecos antibalas de la policía".
El fiscal de Cámara también tuvo tiempo para criticar, no solo a sus pares, sino también a toda la sociedad mendocina.
"Cuando hay un crimen resonante, la gente parece despertarse y sale a la calle y reclama, pero eso dura, como mucho, una semana, después es como si volviera a dormirse, mientras los delincuentes trabajan y se ocupan de mejorar todos los días. Además existe un déficit en la vocación de servicio de muchos funcionarios que están en la justicia para que les digan doctores."
Para Pascua fue importante extenderse en sus argumentos porque "hay que entender cómo se produjo la muerte de las víctimas, que se trató de algo premeditado, que respondió a la lógica del ajuste de cuenta, y porque es necesario mostrar cómo se desplazan los asesinos, que armas usaron y cuanto les pagaron".
SANGRE NARCO. A los albañiles Darío Echevarrieta y José Ceferino Escudero los mataron con un pico y una botella de sidra, luego de maniatarlos con alambres. Fue el 15 de enero de 2010 dentro del barrio privado Coral. La saña de los matadores buscó dar un mensaje a un destinatario inequívoco: Daniel "El Rengo" Aguilera, el dueño de la casa donde trabajaban las víctimas y uno de los líderes de la barra brava del club Godoy Cruz Antonio Tomba.
Los investigadores descubrieron que detrás del doble crimen asomaba una guerra por el control de la venta de droga en el barrio La Gloria y que El Rengo representaba a una de las facciones en pugna. La otra, respondía a Marcelo "El Gato" Araya.
No pasó mucho tiempo hasta que Araya fuera detenido como principal sospechoso. Con él cayeron dos integrantes de su banda: Ricardo "Gigante" Ferreyra Ervidia y Héctor "Hueso" Morales. En el juicio, hubo escuchas telefónicas en las que los imputados organizaban el ataque. Así se probó que el doble homicidio fue instigado por Araya, y que los otros dos actuaron como sicarios. «
"Esta es una causa compleja –afirmó– que permite visualizar una problemática actual: la de las bandas, el narcotráfico y los asesinatos, algo que se va a profundizar si la provincia no se despierta."
Después pidió la prisión perpetua para los tres imputados.
La premonición de Pascua se dio en el marco del juicio por lo que se conoce como el doble crimen de El Carrizal, cometido en enero del 2010 contra dos albañiles.
"Hoy son bandas semi-organizadas, mañana van a ser organizadas y no se podrán detener", avisó el fiscal, y enseguida denunció que "el expediente muestra una organización básica que funciona gracias al vínculo con policías, jueces y abogados que aconsejan y son pagados con dinero de la droga".
En ese sentido, Pascua explicó que estos grupos mafiosos "distribuyen funciones dentro de la organización y se proveen de armamento sofisticado, como los proyectiles con puntas de teflón que perforan los chalecos antibalas de la policía".
El fiscal de Cámara también tuvo tiempo para criticar, no solo a sus pares, sino también a toda la sociedad mendocina.
"Cuando hay un crimen resonante, la gente parece despertarse y sale a la calle y reclama, pero eso dura, como mucho, una semana, después es como si volviera a dormirse, mientras los delincuentes trabajan y se ocupan de mejorar todos los días. Además existe un déficit en la vocación de servicio de muchos funcionarios que están en la justicia para que les digan doctores."
Para Pascua fue importante extenderse en sus argumentos porque "hay que entender cómo se produjo la muerte de las víctimas, que se trató de algo premeditado, que respondió a la lógica del ajuste de cuenta, y porque es necesario mostrar cómo se desplazan los asesinos, que armas usaron y cuanto les pagaron".
SANGRE NARCO. A los albañiles Darío Echevarrieta y José Ceferino Escudero los mataron con un pico y una botella de sidra, luego de maniatarlos con alambres. Fue el 15 de enero de 2010 dentro del barrio privado Coral. La saña de los matadores buscó dar un mensaje a un destinatario inequívoco: Daniel "El Rengo" Aguilera, el dueño de la casa donde trabajaban las víctimas y uno de los líderes de la barra brava del club Godoy Cruz Antonio Tomba.
Los investigadores descubrieron que detrás del doble crimen asomaba una guerra por el control de la venta de droga en el barrio La Gloria y que El Rengo representaba a una de las facciones en pugna. La otra, respondía a Marcelo "El Gato" Araya.
No pasó mucho tiempo hasta que Araya fuera detenido como principal sospechoso. Con él cayeron dos integrantes de su banda: Ricardo "Gigante" Ferreyra Ervidia y Héctor "Hueso" Morales. En el juicio, hubo escuchas telefónicas en las que los imputados organizaban el ataque. Así se probó que el doble homicidio fue instigado por Araya, y que los otros dos actuaron como sicarios. «
el nombre de "la yaqui"
En el juicio surgió el nombre de Sandra Jaquelina Vargas, "La Yaqui", presunta líder narco cuyo nombre ya trascendió las fronteras.
Su nombre fue invocado por Ricardo Ferreyra, luego de ser detenido: dijo que quería denunciar el tráfico de droga que realizaba Daniel Aguilera, junto a sus hermanos. Un negocio del que también participaba su presunto jefe Marcelo Araya. Según Ferreyra, Araya "le provee droga a La Yaqui, que es la mujer de Cristian Gélvez".
Su testimonio le quitaría a Vargas su status de "jefa narco" y la rebajaría al de "distribuidora", capaz de manejar una cierta cantidad de "quiosquitos" del oeste de Godoy Cruz, mientras su marido estaba en la cárcel. En enero Gélvez fue asesinado y su esposa habría "heredado" sus negocios.
Sin embargo, es difícil imaginar como una simple “tranza” comanda un ejército de sicarios adolescente y hasta le puso precio a la cabeza de periodistas y policías.
Su nombre fue invocado por Ricardo Ferreyra, luego de ser detenido: dijo que quería denunciar el tráfico de droga que realizaba Daniel Aguilera, junto a sus hermanos. Un negocio del que también participaba su presunto jefe Marcelo Araya. Según Ferreyra, Araya "le provee droga a La Yaqui, que es la mujer de Cristian Gélvez".
Su testimonio le quitaría a Vargas su status de "jefa narco" y la rebajaría al de "distribuidora", capaz de manejar una cierta cantidad de "quiosquitos" del oeste de Godoy Cruz, mientras su marido estaba en la cárcel. En enero Gélvez fue asesinado y su esposa habría "heredado" sus negocios.
Sin embargo, es difícil imaginar como una simple “tranza” comanda un ejército de sicarios adolescente y hasta le puso precio a la cabeza de periodistas y policías.
Grave advertencia de un fiscal sobre el avance narco en Mendoza
2014-02-26T14:33:00-03:00
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