Por Luis Andolfi, El Tribuno



Complicado se presenta el panorama para el gobierno del jinete gaucho más elegante de la provincia y alrededores. Además de haber recibido el desengaño de las encuestas que ensombrecen sus alocadas aspiraciones de llegar a ser candidato presidencial (ya que se sueña, hay que soñar en grande, ­qué embromar!), le llueven más malas noticias. Y esta avalancha de cocachos que le abollan el ánimo, no solamente provienen de allende nuestras fronteras, como diría un cartógrafo vecino, sino del propio pago bajo su mando.
Bien se dice que cuando uno anda a los tropezones, hasta el poncho ramea. Nos expliquemos: cuando el 23 de agosto del año pasado --
justamente hoy se cumplen seis meses de ese acontecimiento notable!-- el gauchito gobernador puso en funciones como interventora del municipio de Salvador Mazza a doña Mercedes Junco, “funcionaria desde el primer día de mi gestión, dijo orgulloso, y una persona de mi máxima confianza”, en el Grand Bourg y aledaños alentó la fantasía que se extinguía el incendió que había iniciado en el municipio mencionado el muy divertido ex intendente don Carlos Villalba.
Pero nada, che! Pues resulta que, como graficó un joven colega, tocayo del que te dije, si la Junco recibió un municipio en llamas, lo devolvió en cenizas.
No fue feliz el paso de doña Mercedes por Salvador Mazza. Por lo contrario se puede y debe decir que su tránsito por ese sufrido municipio fue desdichado, bochornoso y hasta escandaloso.
Pocos meses, tres escucho por ahí, duró la intervención de Junco. Pero le bastaron, por lo que se sabe, para envolver al gobierno del gauchito protector en una estafa con fondos nacionales (a los lectores exigentes, amantes de los detalles, se les recomienda leer nuestras ediciones a partir del miércoles 19 de este mes).
Pareciera ser, y así lo señalarían los hechos, que Mercedes Junco, persona de la máxima confianza de su tradicionalista jefe, habría desviado aproximadamente un millón de pesos de una cuenta del municipio. Ese dinero lo había enviado el Ministerio de Planificación Federal para una obra que estaba certificada en más del 60 por ciento.
Con la desaparición de esos fondos se empezó a tejer un novelón de película. No hay que perder ni un capítulo. Hay cheques, ventanillas de pago, y la mar en coche.
¿Qué hizo, o está haciendo el Gobierno urtubey-cristinista para sofocar el siniestro? Como el asunto no se presenta halageño para él, se llamó a super ministro Carlitos Parodi para que meta mano (¿más todavía?, se preguntarán algunos). La solución que encontró el funcionario mereció el aplauso de varios lame suelas del entorno: se inclinó por judicializar el escándalo.
De esa forma se espera salvar a doña Junco, y que los damnificados vayan a cantarle a Gardel.
Serán malos, pero pícaros.
Ay, doña Mercedes, ­qué mecha que le metió a la provincia!
Fuente El Tribuno
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